martes, 4 de octubre de 2016

“el ser humano está en último lugar”

Por: Carlos Macusaya



[Artículo publicado originalmente en facebook, octubre del 2015]

“Primero están la aves, las mariposas, las hormigas, los cerros, los ríos, las estrellas, todos ellos… Para nosotros (“los” “indígenas”) el ser humano está en último lugar”[1], así “entiende”  el canciller boliviano, David Choquehuanca, lo que caracterizaría a los “indígenas”; mientras lo opuesto seria lo característico de los “no indígenas”. Sin embargo, el pasado viernes 17 de abril [2015] por la noche se vio una gran movilización en la ciudad de La Paz, movilización en protesta por la muerte a pedradas de un perro. En los últimos años en Bolivia muchas personas han muerto asesinadas de forma muy cruel, pero nunca se dio una movilización como la que vimos el viernes. ¿Será que “el ser humano está en último lugar”?

Si consideramos que desde las urbes muchos idealizan la vida de las personas que viven en áreas rurales y que son consideradas, colonialmente, “indígenas” y que además, quienes se movilizaron por la muerte de un perro el pasado viernes eran personas que viven en la ciudad, vale la pena hacer notar que para quienes la vida de los animales es más importante es para “los” citadinos. ¿Son los citadinos más “indígenas” que los que son considerados “indígenas” (la gente que se cree vive por naturaleza en el área rural y ese sería su “habitad”)?

Nunca se ha sabido, por ejemplo, de “indígenas” que se movilicen contra la caza y comercialización de aves exóticas en la Amazonía, lo que es muy esclarecedor si consideramos que es en las ciudades donde se dio la movilización en protesta por la muerte de un can. Mientras los pachamamistas (como Félix Cárdenas o Fernando Huanacuni) hablan del “indígena” como alguien que “vive en armonía con la naturaleza y con todos los seres vivos”, los hechos crudos, como era de esperarse, los desmienten hasta ridiculizarlos. Los “indígenas” que trabajan como cooperativistas mineros contaminan el medio ambiente; las marchas “indígenas” (como cualquier otra, incluidas las que se hicieron por el TIPNIS) dejan mucha basura; en varios lugares de Bolivia “indígenas” cazan animales exóticos para venderlos; etc. Valga decir que todos estos fenómenos pueden ser explicados por varios factores, fundamentalmente económicos y políticos; no se trata de una “naturaleza indígena”.

Por otra parte, en el tema de la movilización contra el maltrato a los animales las “redes sociales” (sería mejor decir redes virtuales) jugaron un gravitante papel. Las imágenes (audio incluido) en las que una mujer daba muerte a un perro circularon con profusión, afectando la sensibilidad de muchas personas. Aun así es llamativo que en Bolivia no se hayan dado movilizaciones contra las agresiones racistas que se daban en Santa Cruz u otros lugares contra personas de piel morena, ojos rasgados, pómulos sobresalidos. Veíamos por tv, casi en vivo y directo, imágenes crudas sobre las violentas agresiones racistas a hombres y mujeres (incluso se tienen imágenes de los agresores, pero no se sabe que estén siendo procesados por tales actos), pero solo unos cuantos (los “alborotadores” de La Plaza de Los Héroes y algunos jóvenes de El Alto) se movilizaron.

Cuando muchos veían pasivamente como se pateaba “indios”, algunos “ponchos rojos”, en su impotencia, degollaron un par de perros, lo que indignó a muchas personas, que incluso hicieron una marcha por ello, personas que nunca se movilizaron contra las agresiones racistas. Por entonces se decía en los debates de La Plaza de los Héroes: “para los q’aras los perros son más importantes que los indios”.

Pero bueno, lo cierto es que vivimos problemas muy crudos, desde muertes violentas por asaltos o celos, personas que “viven” agonizando esperando ser atendidas en la caja, jueces y fiscales que operan a favor de delincuentes, violadores y asesinos, etc., pero no hay movilizaciones para cambiar estos problemas…!!!

Si por un lado nos hemos engañado, gracias a las estafas de los pachamamones, creyendo que en el área rural las personas consideradas “indígenas” practican el “vivir bien”, también ahora podríamos engañarnos con la movilización en contra del maltrato a los animales, creyendo que se trata de que en las ciudades las personas son “más humanas”. Pero si muchas personas se pueden movilizar por los animales y no lo hacen por los problemas que afectan y degradan la vida de “los humanos”, “algo” debe estar mal.

El caso de la mujer que mató a un perro la semana pasada, lo que causo la movilización del viernes, fue fácilmente instrumentalizado por los racistas. Se pretendió mostrar como los “indígenas”, en este caso se referían a “las mujeres de pollera”, son seres “cruelmente salvajes”. Podría decirse ridículamente –como leí en algún comentario en facebook– que las mujeres de pollera larga (de La Paz) no son iguales a las de pollera corta (de Cochabamba).

Aquellos quienes imaginan un mundo de bondad y armonía con todos los seres en el área rural, deberían tener muy en cuenta que la marcha por los animales se hizo en las ciudades por personas que viven en la urbe. El ser “sin manchas ni pecados occidentales”, del que hablan los pachamamistas (y ganan dinero y “prestigio” por ello), no existe. La vida de quienes son nombrados colonialmente como “indígenas” no está exenta de contradicciones y problemas que también podríamos encontrar entre gente que se cree “blanca” o “mestiza”.

Habría que recordar que en redes sociales han circulado imágenes y videos donde se ve a “blancos” matando perros u otros animales por diversión.

Tengamos en cuenta que en el área rural un perro acompaña en las faenas de trabajo y que en áreas periurbanas, es el guardián de la casa. En familias de clase media un perro es una mascota que incluso recibe tratamiento espacial, con peluqueros y demás. En general, en todos estos casos, hay una relación sentimental con el animal, pero el entorno económico condiciona tal relación.



[1] Entrevista a David Choquehuanca, en Balance y perspectivas. Intelectuales en el primer gobierno de Evo Morales, Ediciones Le Monde Diplomatique (Bolivia),  Julio del 2010, p. 227-228. Llama la atención el subtitulo, Intelectuales en el primer gobierno de Evo Morales, pues al parecer, los entrevistadores (Maristella Svanpa, Pablo Stefanoni y Bruno Fornillo) consideraban a Choquehuanca “intelectual”, lo que es casi sarcástico.

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