domingo, 12 de abril de 2020

Fin e inutilidad de la “crítica” al “indianismo”



Carlos Macusaya

El pasado sábado (11 de abril del presente año) salió un artículo titulado “El fin y la inutilidad del indianismo”[1], del sociólogo boliviano Franco Gamboa. El autor trata de mostrar que “el pensamiento indianista llegó a su fin” y para ello lanza algunas caracterizaciones sobre lo que considera indianismo y sobre la instrumentalización de la que ha sido objeto en el gobierno del MAS. Vengo de una militancia indianista, desde la cual indagué sobre algunos aspectos del indianismo y, a partir de ello, algo sé sobre el asunto.

Encuentro en la opinión de Gamboa algunas observaciones que comparto, por ejemplo, sobre el ejercicio del poder y la “viveza criolla”; pero en general, carece de precisión y entra en confusiones entre lo que quiere criticar y lo que termina criticando. “A primera vista” sus afirmaciones entran en consonancia con lo que se ve en el escenario actual. Se ha hecho habitual llamar a cualquier cosa con la que se está en desacuerdo: neoliberal, socialismo, derechismo, masismo, comunismo y, en este caso, indianismo.

1) Según Gamboa, el indianismo se caracterizaría por su pretensión de reconstituir el Tawantinsuyu, como sociedad idealizada, y “conservar diferentes costumbres de carácter pre-moderno”. Ello le hace afirmar que en el indianismo existe un “rechazo irracional al desarrollo histórico”.

Si uno revisa los documentos indianistas, en especial los de los años 60 y 70, puede encontrar, ciertamente, idealizaciones sobre el pasado precolonial y la exaltación de ciertas prácticas rurales. Sin embargo, no es lo único que se puede encontrar[2]. También hay explicitas referencias y exigencias de ciudadanía plena, en el sentido liberal de la palabra, a la vez que se señala que los q’aras rechazan la “evolución” de la historia y se aferran a privilegios de casta (pre-modernos). Y en relación a esta última idea, se puede identificar un núcleo en la interpretación y denuncia indianista: el racismo como ordenador de las diferencias sociales (aspecto que Gamboa pasa por alto). 

Entonces, de la lectura indianista no se sigue única y exclusivamente la reconstitución del pasado precolonial idealizado ni la preservación de prácticas pre-modernas (los “no indios” también presentan y defienden prácticas pre-modernas), aspectos que han marcado a otros movimientos surgidos entre poblaciones racializadas que han asumido tal condición (no es exclusivo del indianismo). Para que quede claro, en el indianismo, el problema central es el racismo y su superación podría lograrse con la reconstitución del Tawantinsuyu o con la articulación nacional de Bolivia (superación de las dos Bolivias), pero a partir del papel político del quien sufre el racismo: el “indio”. La reconstitución de un pasado idealizado, considerando lo central del indianismo, no es su única posibilidad y, por lo tanto, no se lo puede definir a partir de ello. 

2) Gamboa tiene la ocurrencia de que “la democracia representativa (…) le dio una oportunidad al indianismo para contribuir a la búsqueda de políticas igualitarias y acciones democratizadoras”. Digo “ocurrencia” porque existe material empírico que, en manos de sociólogos que hacen sociología (porque hay sociólogos por tener un título pero que no hacen sociología) pueden ayudar a entender que el indianismo surge en un contexto en el que la “democracia representativa” era un concepto vacío e incluso un pretexto para ejercer una práctica concreta de “democracia” fundada en privilegios “representativos” de casta y que la lucha indianista (en su práctica, no solo en su discurso) fue muy importante para “democratizar la democracia representativa”.

Claro que esto no quita que en el indianismo haya aspectos que, según el posicionamiento, puedan ser considerados negativos; pero no se lo puede reducir a eso, omitiendo, por descuido o por cálculo, su papel en la democratización de algunos aspectos en la vida del país.

3) Gamboa señala el papel del “sindicalismo indianista y campesino” y la instrumentalización del indianismo en el gobierno del MAS. 

Fui un militante indianista apasionado y, entre otras cosas, solía asistir a varias de las distintas actividades sobre “indígenas” que se desarrollaron durante del gobierno de MAS, en especial, en sus dos primeras gestiones. En muchas de estas actividades participaban, de manera masiva, dirigentes sindicales relacionados al gobierno de entonces. Cuando se daba la palabra al público, como buen indianista molestoso, solía participar para contraponer “la línea indianista” y solo encontraba indiferencia, rechazo e incluso mofa. En mis andares de indianista por aquellos años nunca conocí un “sindicalismo indianista”. Entonces, ¿de qué habla Gamboa?

Consideremos que los dirigentes que solían participar en aquellas actividades sobre “indígenas”, que fueron quienes componían lo que Franco Gamboa llama “sindicalismo indianista y campesino”, jugaron el papel de cajas de resonancia de la retórica “indígena” que el MAS promovió, encubriendo a la vez, en muchos casos, el ejercicio corrupto de sus cargos. Además, tengamos en cuenta su falta de precisión al caracterizar al indianismo, que es señalando por su instrumentalización en el anterior gobierno. Con esas puntualizaciones puede asumirse que Gamboa se refiere a las pachamamadas promovidas por el MAS y a los pachamamistas (muchos de ellos pachamamones). Pero, en este caso, su crítica contra lo que él llama indianismo, sería más coherente si se dirigiera a lo que organismos internacionales promovieron como “identidad y lucha indígena”, fundamentalmente desde los años 80 del pasado siglo, y que varios de quienes se hicieron partidarios del MAS “operativizaron” desde cargos en ONG’s ya en aquellos años. 

Ciertamente, quedándose con la idealización que se puede identificar en el indianismo, y tomada como lo única cosa que ofrecería, saltándose el papel de las políticas multiculturalistas por medio de sus operadores locales, puede parecer coherente lo que dice Gamboa. Pero, como he dicho antes, el núcleo central de indianismo no es ese aspecto. Incluso, esta idealización puede encontrase en autores que desprecian y menosprecian abiertamente al indianismo. 

El MAS, cuando estuvo en el gobierno explotó a su favor las pachamamadas que los organismos “occidentales” promovieron previamente, formando a “sus” indígenas para que legitimen su discurso. Estos legitimadores fueron, en muchos casos, dirigentes sindicales en el gobierno del MAS y nunca enarbolaron el indianismo; enarbolaron, con respaldo económico y político, la retórica “indígena” que les permitía “reconocimiento” de organismos no gubernamentales y gubernamentales.

Entre ellos nunca conocí personas que puedan ser llamados, como hace Gamboa, “defensores del indianismo”. Incluso señala al indianismo por “el pragmatismo de aceptar acríticamente cargos bien pagados”. En este caso, aunque sea por limitación conceptual o por intencionalidad, dice indianismo cuando en realidad está hablando de indianistas, de quienes no da nombres y hubiera sido útil que los dé. No he conocido, insisto, militantes indianistas en el MAS. No digo que no hubiera militantes indianistas en el MAS, simplemente digo que yo no conocí uno. Si Gamboa hace una afirmación como la señalada, con todo y la confusión conceptual, debería identificarlos.

4) Considerando la manera limitada (por decir lo menos) en la que entiende lo que quiere criticar, su afirmación de que “el pensamiento indianista llegó a su fin” puede ser tomada, siendo condescendiente, como “prematura”. Hoy vemos como las expresiones de racismo abundan, animalizando a sectores que en el indianismo son identificados como indios. El propio “trato humanitario” que el gobierno ha tenido con unos, abriendo las fronteras, pero no con otros, evidencia que el problema que dio origen al indianismo, y que fue señalado por él, está vigente. Y es que en este gobierno se ha visto no solo tolerancia a grupos abiertamente racistas, como la “Resistencia Juvenil Kochala”, sino respaldo a los mismos.

Se ha hecho normal lanzar agresiones racistas con el pretexto de “defender la democracia”. Se puede ver comentarios de “liberales” y “revolucionarios” afanados en preservar privilegios “feudales”, pre-modernos. Se puede decir, en otras palabras, que hay “condiciones para el indianismo” y es factible pensar que en las condiciones sociales que vivimos, con la explicitación del racismo, se está generando la posibilidad de una reemergencia del indianismo. Pero, ojo, se trata de una posibilidad, no de algo garantizado.

De todas maneras, la afirmación de Gamboa, considerando el contexto, queda más como deseo del autor que como algo definitivo. Además, se puede advertir en su crítica, como en otras similares, el “resentimiento” que le achaca al indianismo. No se preocupa por tomar seriamente aquello que va a criticar, pues lo menosprecia y lo juzga a partir de los que “se supone” (prejuicios) es el indianismo.


5) En síntesis, su crítica tiene la finalidad de señalar la defunción (el fin) de una ideología a la que no puede caracterizar con precisión y de la que, por lo que dice, sabe poco. En esa condición, su crítica es inútil, más aún, considerando que ni siquiera le pone atención a las condiciones sociales que posibilitan la formación del indianismo o que lo producen.

Criticar al indianismo a partir de “se supone que…” suele ser cómodo y preferible a criticar a la academia o a las instituciones no gubernamentales que promovieron las pachamamadas. Claro, criticar lo que se supone fue el indianismo no solo permite quedar bien con cierto público, sino que, además, no implica el riesgo de cerrarse puertas laborales en la academia o en otras instituciones que se dedicaron a pachamamar en nombre de la “revalorización cultural indígena”.  

6) Finalmente, retomando la idea de la posibilidad de una reemergencia del indianismo, y más allá de la opinión de Gamboa, cabe hacer algunos apuntes. Qué una cosa sea posible no quiere decir que vaya a ser, inevitablemente. Su realización depende, en este caso, del papel que los propios indianistas tomen, a partir de las condiciones sociales actuales. Pero también podrían darse casos en los que otras corrientes asuman el problema que da sentido al indianismo y que desarrollen un accionar sobre él. En esto el indianismo podría ser tomado o no como un antecedente o referencia; pero también los indianitas podrían ser aliados (posibilidad, insisto).

Como vengo de una militancia indianista voy a poner énfasis en la posibilidad de la reemergencia del indianismo considerando el papel que puedan jugar los indianistas. Previamente se debe dejar en claro que, si bien el indianismo tiene su núcleo central en la identificación de las jerarquías racializadas, no se puede dejar de lado, visto históricamente, las etapas y procesos por los que ha pasado y en los que han destacado ciertos aspectos. Por ejemplo, los años 80 y 90 fueron años de subordinación por parte de militantes del indianismo (y kataristas) al multiculturalismo y, además, en ese tiempo se promocionó mucho de lo que hoy algunos consideran “indianismo”.

Si uno toma lo que pasó y se produjo entre los indianistas en los años más recientes, durante el gobierno del MAS, podría encontrar que el indianismo no fue inútil, sino que confrontó al pachamamismo, señalando, a la vez, la reproducción de la dominación blancoide a título de “inclusión indígena”. Pero luego de este momento, que fue el momento “estelar” del indianismo en tiempos del “Proceso de cambio”, siguió una etapa de decadencia en la que muchos indianistas parecían competir por ver quién dice una tontería mayor que la que dijo otro, o quien “superó” al indianismo repitiendo taras indianistas, aunque, con otras palabras. Fue una etapa de (en muchos casos) esfuerzos inútiles, incluso de inútiles. Hubo una preocupación tormentosa por parecer ideólogos o importantes e indispensables, publicando cualquier cosa para dar la impresión de ser intelectuales; componiendo frases radicales que, en muchos casos, solo eran ridículas; o inventándose glorias pasadas que no pasaron. Luego vino la etapa actual (desde antes de las elecciones del 2019), en la que lo bullicioso de la anterior etapa dio paso, en la mayoría de los casos, al silencio o el refugio culturalista (claro que hay algunas expresiones y muy importantes) y en una situación en la el racismo, tema central en el indianismo, anda “vivito y coleando”.

Yo diría que el indianismo está en una situación en la que puede ser reinventado o pude rehacerse y no por virtud propia, sino por las condiciones sociales que lo determinan. De hecho, muchos indianistas suelen pasar por alto esas condiciones, refugiándose, al mismo tiempo, en teorías de conspiración o de “superación”. Es inútil esperar que de entre estos salga algo serio. 

Sin embargo, la posibilidad de la remergencia del indianismo, de su propia resignificación, podría realizarse a partir de otros (nuevos) actores o de actores ya posicionados, hasta cierto punto, y que toman la problemática indianista de modo serio; asumiendo que no alcanza con el develamiento de la racialización de las jerarquías sociales, que se deben considerar, las aspiraciones de quienes son racializados, los movimientos poblacionales, la estratificación y las diferencias de clase, el mercado laboral y las formas de agregación, etc. En estos aspectos, y en otros, considerando las condiciones contemporáneas, las jerarquías racializadas no han desaparecido, sino que operan de manera más sutil y, en consecuencia, la articulación política se hace más complicada. 

Esta reemergencia no tendría la fatalidad de llamarse indianismo, porque el problema no es cómo se llame, sino su núcleo, que puede (y debe) ser robustecido con otras consideraciones. Será en lo venidero que “veamos” cómo se desarrollan las cosas.



[2] Pedro Portugal y mi persona escribimos un libro que aborda la historia de los movimientos indianistas y katarista: “El indianismo katarista. Una mirada crítica” (2016). Pienso que ese texto puede ser útil para despejar muchas confusiones. Pueden descargarlo en el siguiente enlace: https://jichha.blogspot.com/2016/03/el-indianismo-katarista-una-mirada.html?fbclid=IwAR0eiPrkxc3J1fWdF3Tx1XbaTpmeStrygZGWc52vXXxHXb8ygl0miiPHucQ

Una versión más sistematizada y breve del proceso histórico indianista y katarista, que puede ser usado como “introducción” o guía de lectura del anterior texto, se puede encontrar en el libro “Batallas por la identidad. Indianismo, katarismo y descolonización en la Bolivia contemporánea” (2019); disponible en: http://carlosmacusaya.blogspot.com/2019/12/batallas-por-la-identidad-carlos.html

1 comentario:

  1. Critica de la critica que no aporta a la construccion... parece otro resentido que critica al resentido y la terminologia usada desde la optica occidental parece permanecer el mal nombrado indigenismo.
    La deconstruccion debiera partir de las raices genuinas y no desde el "apodo" barato. El mal llamado indianismo esta en tiempos de tomar postura autenticamente desde el sentido de la existencia real del sujeto pensante del originario y no desde la critica sino terminaremos siendo los mismos resentidos sociales por no haber recuperado ni aportado a nuestra cultura, eliminando los "ismos" que pretenden convenser con sus discursos facticos... "La identidad heredada por nuestros ancestros no podemos poner en duda..." Humilde doxa

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